No me gusta decir adiós

Pocas veces en mi vida me he despedido de verdad, generalmente evito esa parte porque siento muy feo, duele y en la medida de lo posible evito el dolor como evito a la muerte, literal.

Hace poco, cuando murió mi abuelo, con quien tenía una enorme y nostálgica conexión, no pude despedirme como tal, yo vivo la semana cerca del escuela y un día en casa de mis papás, pues justo el día que volvería a casa, mi abuelo se había ido. Cuando lo supe estaba lejos, frustrada y confundida, ¿Qué se supone que hagas cuando algo así pasa? ¿Qué se dice? ¿Cómo se actúa?

Soy de las personas que sabe qué hacer casi todo el tiempo, pero ese día no sabía qué hacer, estaba en la computadora cuando supe la noticia, el abuelo que tanto había querido, simplemente se fue, mientras yo pensaba en los trabajos finales de la escuela, nunca me sentí tan sola. Mi novio y mi mejor amiga estaban allí, no recuerdo algunas cosas de ese episodio, hasta que llegué a casa y pude verlo, igual de abrazable que siempre, con la diferencia de que ahora había algo diferente. Estaba, pero ya no estaba.

Me atrevo a decir todo esto porque incluso en ese momento no me despedí, la última vez que lo vi estaba bien, sonriente y feliz, debía volver a mi casa cerca del escuela para una semana de trabajos finales y exámenes, estuve a punto de salir y recordé que no me había despedido, regresé corriendo porque mi papá ya estaba en el carro y odia esperar, entonces le dije que lo quería, que lo vería la siguiente semana y que se portara bien, le di un beso y me fui… Le dije lo que quería, pero no dije adiós.

Generalmente acostumbro hacer las cosas así, digo que nos veremos después pero difícilmente puedo decir esa palabra, creo que se me hace más fácil así. Hoy soy una persona diferente a la chica frágil que ese día no sabía ni si quiera hacia dónde caminar. Recuerdo los momentos felices y ya no lloro como en ese entonces, en este blog he sacado muchos traumas y he podido hablar de cosas que de otra forma no habría podido, me siento satisfecha por convivir en este espacio, sin importar si me entienden o me aceptan, porque eso es lo maravilloso del internet, puedes decir algo sin pensar en qué dirán, como que aquí te puedes esconder un poquito y hablar como en realidad lo deseas.

Hoy estoy aquí para decir aquello que tanto me cuesta en persona, porque para eso está la pantalla y los miles de kilómetros de distancia que viaja esta información, para hacerme las cosas más fáciles, vengo a decir ADIÓS.

Estoy en un café internet de Teotihuacan, sucio y solitario para despedirme de mis lectores, de mi maestro, de mis seguidores y de la Xhail que soy cuando escribo aquí, con la esperanza de vernos más adelante o de continuar interactuando en este u otro espacio, pero eso será en el futuro, por ahora tengo que cerrar un ciclo, uno divertido y complicado.

Quiero dedicar este último texto a todos aquellos que han salido de mi vida, han sembrado algo en mí y nunca tuve el valor de decir adiós, por cobarde o por sentimental, porque lloro con facilidad o porque siempre me conmueve pensar en que estoy sola en el mundo y duele encariñarse con alguien a quien ya no verás más.

Quiero dedicar este último post a “abuelo”, que me cumplió el sueño de mi vida, de tenerlo cerca y que tiene el increíble talento de hacerme llorar en los momentos menos esperados, como éste por ejemplo, y agradecer a quienes me hacen mejor persona cada día #UstedesSabenQuienesSon.

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